Historia

miércoles, enero 11, 2017

Avenida Chapultepec

 

Ubicada en la zona centro-poniente de la Ciudad de México, la Avenida Chapultepec es una de las vías principales de la capital.

Lleva el trayecto vehicular en ambas direcciones para comunicar así a la parte centro de la ciudad con las zonas cercanas al Bosque de Chapultepec, Tacubaya y Polanco.

Desemboca en la parte poniente en la Avenida Pedro Antonio de los Santos para incorporarse con Avenida José Vasconcelos (Circuito Interior) y la Avenida de los Constituyentes, continuando en esta última el flujo hacia las zonas de Tacubaya y la zona de Santa Fe. Mientras que en el lado oriente continúa hacia el Centro Histórico por la Avenida Arcos de Belén.

Parte del trazado de esta avenida se debe al antiguo Acueducto, obra indígena que fue levantada sobre el antiguo Lago de Texcoco para llevar las aguas de los manantiales de Chapultepec a la capital azteca. Esta obra fue mejorada durante La Colonia y tiempo después, al caer en desuso, el antiguo trazado sirvió entonces para levantar un moderno bulevar entre las nacientes colonias del Porfiriato.

Por la Avenida Chapultepec atraviesa la historia del agua del valle de México.

Cuando la Ciudad de México-Tenochtitlán empezó a crecer y a buscar alternativas para abastecer de agua a sus habitantes, el Tlatoani Tenochca, Chimalpopoca, en 1381 solicita a su abuelo, el Huey Tlatoani de Azcapotzalco, Tezozomoc, que le permita aprovechar las aguas de los manantiales de Chapultepec para abastecer a la población de su ciudad, permiso que se le concede y por lo cual los Tenochcas empiezan a construir el acueducto.

Durante la época de la colonización española, tomada la ciudad, el mismo Hernán Cortés mandó a repararlo y sirvió como fuente principal de agua de la ciudad.

El acueducto colonial con arcos de piedra constaba de 904 arcos para traer el agua desde una serie de represas y depósitos conocidos como Albercas de Chapultepec, los cuales le permitían alcanzar la altura suficiente para que, por fuerza de gravedad, pudiera ser distribuida en la Ciudad de México y Tacubaya. Corría a lo largo de la avenida, la de Belén y la de Izazaga, para recorrer una distancia de poco más de 4 kilómetros. A fin de repartir el agua, disponía de tres ramales principales con una fuente principal cada uno.

En la época Independiente y después de la invasión norteamericana se vio que esta forma de conducir el agua era muy riesgosa, por lo que se volvió a usar tubería subterránea, aunque ahora de hierro colado. Es por esto que se empiezan a dejar sin uso los acueductos de la ciudad. En el caso de Chapultepec, sus fuentes originales dejaron de producir agua en grandes cantidades, lo que mantenía inutilizado el acueducto la mayoría del tiempo. Es así como se empieza a derrumbar por partes desde el final del siglo XIX. El último tramo se derribó durante la construcción de la Línea 1 del Metro, en 1969. Sólo se dejó un tramo que fue, en su mayor parte, reconstruido para meter tubería en él y convertirlo en una fuente ornamental.

Mi nombre es Ixca Cienfuegos. Nací y vivo en México D.F. Esto no es grave. En México no hay tragedia: todo se vuelve afrenta… Águila sin alas. Serpiente de estrellas. Aquí nos tocó. Qué le vamos a hacer. En la región más transparente del aire”. Carlos Fuentes, La Región Más Transparente.

 

ZONA ROSA

El origen de la Zona Rosa se remonta al origen de la Colonia Juárez, cuyo nombre original fue la Colonia Americana, y sus terrenos comprendían parte de los que se fraccionó de la Hacienda de la Teja.

En los años 50, la Colonia Juárez comenzó a transformar sus antiguas mansiones y palacetes para adaptarlos a otros usos diferentes de los que fueron destinados. La colonia abrió sus puertas a numerosos cafés, galerías de arte, restaurantes, bares y boutiques, también tiendas artesanales, oficinas y discotecas. Fue punto de reunión de varios intelectuales.

Para la intelectualidad, el arte, la gastronomía y la moda, la Zona Rosa fue referencia obligada. Debido al auge que tuvo el lugar, por varias partes comenzaron a surgir edificios de corte moderno que fueron destinados a hoteles de gran turismo y oficinas corporativas. Su fama aumentó después de los Juegos Olímpicos de 1968 y de la Copa Mundial de Fútbol de 1970, que le hicieron punto de interés turístico y de reunión.

La zona sufrió con el terremoto de 1985, cuando varios edificios se derrumbaron y empezaron a surgir otras zonas que comenzaron a desplazarla, como Polanco.

La Zona Rosa, con sus cafés, restaurantes, cabarets y galerías, representó el sitio obligado de reunión, discusión, y reflexión sobre aspectos del individuo y su interioridad”. David Alfaro Siqueiros, La Zona Rosa.

 

ROMA Y CONDESA

Las Colonias Roma y Condesa nacieron con esta idea de progreso imperante en todo el mundo occidental, traída por el Porfiriato. Aquellos que querían poner a México al nivel de cualquier otra ciudad europea fueron los que empezaron la construcción de esta zona habitacional. Todo en la colonia era producto de la modernidad tan anhelada: las amplias calles y avenidas, como Álvaro Obregón o Veracruz, mientras que las pequeñas plazas y los parques intentaban evocar a París.

Estallada la Revolución Mexicana, la zona se convirtió en una especie de refugio para aquellos que no pudieron escapar de ella; la clase media alta que no tenía los recursos suficientes para empezar otra vida en Europa. La Colonia Roma y Condesa se convirtieron en epítome de la modernidad que nunca logró llegar a México por completo, pero sus residencias intentaban evocarlo, y fue por ello que la arquitectura art decó empezó a imperar en ambas colonias.

En ellas, las construcciones y espacios públicos empezaron a llenarse de departamentos, casas y plazas con un estilo que evocara esa modernidad que nunca llegó a todo el país, como el Toreo de la Condesa, el Parque México, o muchos de los edificios de la Avenida Álvaro Obregón.

A lo largo de la historia, ambas colonias recibieron a inmigrantes de diversas latitudes del mundo, lo que les agregó un aire cosmopolita.

Actualmente, la Roma y la Condesa conservan ese toque pretencioso y vanguardista, se han recuperado de la destrucción y el abandono que inició en los años 50 y culminó con el sismo de 1985. Son zonas prósperas con una gran oferta gastronómica, cultural y comercial. Las nuevas generaciones de emprendedores han dedicado más de 20 años de esfuerzo para desarrollar estas bellas colonias.

Hasta entonces el imperio otomano perduraba como la luz de una estrella muerta: para mi, niño de la colonia roma, árabes y judíos eran “turcos” no me resultaban extraños como Jim, que nació en San Francisco y hablaba sin acento los dos idiomas; o Toru, crecido en un campo de concentración para japoneses; o Peralta y Rosales. Ellos no pagaban colegiatura, estaban becados, vivían en las vecindades ruidosas de la colonia Doctore. La calzada de la piedad, todavía no llamada Avenida Cuauhtémoc, y el parque Urueta, formaban la línea divisoria entre Roma y Doctores”. José Emilio Pacheco, Batallas en el desierto.

 

Fuente: Wikipedia

Entradas Relacionadas

0 comentarios